Ojo por ojo, el mundo acaba ciego.
Hacemos actos por bienes ajenos. Eso está bien. Lo mejor llega después, cuando el reproche asoma la oreja. Cuando de algo que haces no sacas ningún beneficio propio. Es más, lo haces por beneficio de algo o alguien que por una cosa o por otra no merece tal.
Después aparecen, los "es que yo ...", "yo pensaba", " lo se ... pero". ¡NO!
Madura.
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