lunes, 19 de noviembre de 2012
Tristana.
Miércoles.
«Maestro y señor, mis dolores me llevan a ti, como me llevarían mis alegrías si alguna tuviera. Dolor y gozo son un mismo impulso para volar... cuando se tienen alas. En medio de las desgracias con que me aflige, Dios me hace el inmenso bien de concederme tu amor. ¿Qué importa el dolor físico? Nada. Lo soportaré con resignación, siempre que tú... no me duelas. ¡Y no me digan que estás lejos! Yo te traigo a mi lado, te siento junto a mí, y te veo y te toco; tengo bastante poder de imaginación para suprimir la distancia y contraer el tiempo conforme se me antoja».
Realmente estoy flipando con este libro, supera todas las perspectivas que tenía sobre él; con muchas creces. A medida que avanzo el relato se hace un poco pesado. Y bueno comentar del final que deja mucho que desear la verdad.
Es evidente que a medida de que he ido leyendo el libro ha ido decayendo, si se hubiera mantenido igual desde la mitad y el final hubiera sido completamente distinto, otro gallo cantaría.
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