jueves, 28 de julio de 2011

                            UNO entre un millón.
No solo son unos ojos y una sonrisa bonita, también es un gilipollas integral. Pero me gusta. Quizás sea esa la mayor razón por la que pueda decir que estoy así; me gusta lo difícil, sí.


Se supone que a nadie le gusta que les pongan las cosas fáciles, pero tampoco que se compliquen más de lo debido. Vamos subiendo niveles, hay hasta diez. Yo, por supuesto he ido subiendo paso a paso y ahora mismo he llegado al nueve, tan solo con una persona. Hay otro tipo de personas que que en cambio suben niveles probando con diferentes personas; es decir, o bien porque la relación anterior ha resultado mal y no es que fuera una simple complicación, sino que es algo más qué, o bien porque son unos morbosos, que les gusta, sí, por que sí. Una vez llegado a un nivel extremadamente difícil debes de tener claro si esa persona vale de verdad la pena. Porque llegados a este punto, o bien nos lo sopla todo, o podemos sufrir por una persona. Bien, me sitúo en un nivel nueve. La cosa está que no se si en realidad está. Yo misma, inconscientemente, y retando a la puta suerte he llegado hasta aquí. Supongo que si he podido llegar a este punto de complicar mi vida, puedo llegar también ha hacer de todo por ese "todo".
Ante todo tener claro que si llegamos a este punto, no llegaremos a uno más porque exactamente aquí es donde uno en realidad quiere estar; con ese alguien. En el caso de que avancemos uno más, nos exponemos a perder para siempre a esa persona que nos hace sentir ese "úf".


Amigos, nunca tiren la toalla, sean constantes, pesados, cansinos, insoportables; porque quizás esa será la mejor forma de demostrarle a una persona que en realidad la quieres más de lo que él o ella piensa.

miércoles, 27 de julio de 2011



                      ENEMIGOS DEL AMOR.


Hola, mi nombre es Démia, tengo dieciocho años y vivo en una ciudad que crece por días. Mi estado actual es soltera, con un royo raro y enamorada del que un día llegó a ser mi pareja; es decir, mi ex. Hoy, ahora en este momento odio el amor, los enamorados, las historias empalagosas y todo lo que tenga que ver con esa "mágica magia".Mis colegas hablan demás; demás sobre esa mierda. A ellos les va muy bien, sí, pero ¿y?, me alegro. Siempre he dicho que no se puede comer delante de los pobres, y que a mi me vaya francamente mal y ellos sin mala fe por supuesto, vengan a contarme cuentas veces follan, o cuantos te quiero se dicen al cabo del día, o que bien les va con sus parejas a mi me repatea el culo. Hasta cierto punto de que puedo mandarlos a la mierda y quedarme más a gusto que un arbusto. Parece que les absorbe el cerebro y se vuelven gilipollas.


Podría admitir que de cierto modo me da envidia, no sé si sana o insana. Pero todos necesitamos a alguien que nos vuelva gilipollas temporalmente y quién diga que no, es que nunca lo a experimentado.